SAN
TELMO
La isla del tesoro
El único jugador que vive en la isla Maciel, Hector Ovando, nos cuenta
cómo es un día de partido, y las emociones y pasiones que despierta "Telmo"
en los isleños.
Para todos los conocedores o no del ascenso, la experiencia de entrar a
la isla Maciel y atravesar esos barrios humildes de casas bajas hechas de
chapa y madera es única. Parece increíble al introducirse en ese fortín
impenetrable, ver aparecer ante uno -cual oasis en el desierto-, la cancha
de San Telmo. Una estructura de tablones y cemento que emerge de
las entrañas de la villa como amo y señor de los isleños, que rige sus pensamientos
y pasiones de forma caprichosa. Una isla que respira y siente al ritmo de
un equipo: San Telmo.
Sin embargo, tan solo un jugador de todo el plantel vive allí.
Hector nació y vivió toda su vida en la isla Maciel, la pregunta sobre
sus comienzos en el fútbol es inevitable. "Yo estaba jugando en las inferiores
de Arsenal y me dejaron libre. Fue por eso que un poco por insistencia de
mis amigos y familia, y otro poco porque yo soy fanático de San Telmo, probé
suerte acá y quedé. Yo estaba con el colegio todavía y me tuve que cambiar
a la noche, para seguir jugando al fútbol. Me acuerdo que mi primer entrenamiento
fue en la ESMA, el técnico era Hrabina y yo compartí entrenamiento con jugadores
que yo admiraba como Pontelli y Leiva".
Al entrar a la isla, llaman mucho la atención las pintadas y graffitis
con inscripciones alusivas a "Telmo", por supuesto que no se olvidan de
su clásico rival Dock Sud. Pareciera que no hay habitante que no sea hincha
o simpatizante del club, Ovando nos confirma nuestras sensaciones. "Lo
que pasa acá es algo muy curioso. La mayoría de los hombres
juegan o jugaron en el club. El hecho que yo sea el único en la primera,
es porque los otros no llegaron. Hay muchos casos históricos de jugadores
de la isla que triunfaron en el club y sirven de ejemplo e inspiración para
el resto de los más chicos. Te puedo nombrar a Lucho Martínez y Baez, entre
otros. El hecho de saber que nosotros hayamos llegado, inspira a otros chicos
a que se esfuercen y no anden en la calle dando vueltas".
Nadie mejor que Hector para explicarnos cómo se vive un día de partido
en la isla. Él lo vivenció de los dos extremos, fue hincha y ahora jugador.
"Acá son todos de San Telmo y el partido se empieza a palpitar desde temprano.
Los muchachos se juntan a la mañana y van colgando las banderas. Ya de temprano
ves como todos los chicos y grandes se ponen la camiseta, es como si ese
día no se hiciera otra cosa que esperar las dos horas que puede durar un
partido. Después se juntan, comen un asado con vino y ya hablan todos del
partido, sobre quien tiene que jugar o quien no. Son todos técnicos".
El hecho de ser tratado con tanto cariño por la gente, hace que el recuerdo
de su debut en la primera sea una marca indeleble en su corazón. El haber
crecido y madurado con muchas de las personas, que hoy lo acompañan desde
los tablones, hace que jugar allí sea una sensación única. "El día de
mi debut fue algo terrible. Tenía unos nervios increíbles y a la vez estaba
ansioso, quería salir a la cancha. Me acuerdo que el partido fue contra
Temperley y empatamos 2 a 2. Creo que jugué bastante bien porque me aplaudieron
bastante cuando terminó el partido. Fue algo hermoso. Creo que caí tiempo
después, que había jugado en el club de mis amores. En el momento no me
di cuenta que ya había llegado".
Jugar en el ascenso hoy en día no asegura el futuro de nadie. La mayoría
de los jugadores necesitan tener otro trabajo para mantener a sus familias
y el caso de Héctor no es la excepción. El jugador de San Telmo es remisero
los días de semana. "Creo que mi caso es muy parecido al de muchos de
mis colegas, lo que nos paga el club nos puede servir para ciertas cosas
y por suerte ellos están al día con nosotros, pero al menos yo necesito
otro ingreso para vivir. Si no hubiera sido futbolista, quizás hubiera sido
técnico mecánico. Era lo que estaba estudiando cuando empecé a jugar y tuve
que dejar. No sé si era lo que me gustaba, pero me hubiera servido".
No solo de jugadores detrás de una pelota está hecho el fútbol, sino
de historias de vida que marcan a fuego el presente y futuro de los protagonistas
que admiramos todos los fines de semana. Esta es una de las muchas que circulan
por ese mundo excéntrico y fantástico que es el fútbol del ascenso.
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Héctor
Ovando
Nota publicada en mundoascenso.com.ar
2003
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